Aunque la tradición filosófica que se ha impuesto en Occidente pasa por el enfoque que definieron Sócrates, Platón y Aristóteles, sus enseñanzas tuvieron, antes de convertirse en canónicas, que imponerse a otras maneras de pensar y de vivir: la sofística, la retórica o la poesía. Entre todas ellas destaca por su inconformismo y osadía la filosofía cínica, la secta del Perro, que invitaba a sus discípulos a abandonar todos los bienes, dinero y tierras, y lanzarse a vivir por los caminos con un sayo y un bastón, alimentándose de lo que ofreciera la naturaleza y durmiendo en el suelo.Pero, a diferencia de los mendicantes, los cínicos vivían con arrogancia, pues se sentían más cerca de la naturaleza y de los dioses que sus conciudadanos, libres de las esclavitudes del vientre, de las comodidades y del sexo, paseaban con orgullo su salud y una fuerza de voluntad capaz de deslumbrar a generales, reyes y emperadores. Antístenes, Diógenes y Crates se suceden (como en una suerte de dinastía laica) como figuras centrales de la secta del Perro, que, a diferencia de las escuelas de Platón y Aristóteles, prefieren filosofar no tanto con argumentos y razonamientos, sino con su ejemplo vital, practicando un modo de vida que reconocen superior.Este libro recoge la obra de los cínicos, desperdigada en docenas de anécdotas (algunas de carcajada) y en las principales sentencias atribuidas a sus tres figuras principales, profundamente imbricadas en la vida ateniense. Sócrates, Alejandro Magno y Platón desfilan por estas páginas para debatir, aconsejar, discutir o dar réplica a los tres grandes cínicos, cada uno de éstos con su temperamento, pero todos con la misma convicción de dar ejemplo de un estilo de vida que desafía el conformismo de sus contemporáneos que es, ay, también el nuestro. Un festival de sabiduría y diversión.
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